Merecido castigo

Por la tarde deberíamos de ir a traer camotes y hojas de maíz para los animales. La tía nos pidió que cortáramos unas cuantas “cañas dulces” en el camino, “de preferencia las que son negras y gruesas”, nos dijo. Partimos después de almorzar, José nuestro primo insistió en acompañarnos, su mamá aceptó. Traía José un frasco de vidrio en las manos, no sabíamos que intenciones tenía y tampoco le preguntamos, intuíamos tal vez que nada bueno nos esperaba. Camino a la chacra, el arenal era grande y en él vivían varios bichos entre los que siempre veíamos algunos alacranes pequeños que nosotros los aplastábamos intencionalmente a nuestro paso. A nuestro primo se le había ocurrido ir juntándolos uno por uno. Molestaba al alacrán con un palito y cuando éste atacaba, procuraba que clavara su aguijón en la madera, de inmediato destapaba el frasco y lo sacudía dentro. Cuando el bicho se daba cuenta ya estaba prisionero junto con otros sujetos de su misma especie luchando contra la...