Rebelde sin causa
Rebelde sin causa Era el mes de julio cerca de fiestas patrias y mi tío estaba en la ciudad con su camión Ford plomo, estacionado en la puerta de la casa de mis abuelos. Siempre que veía el camión imaginaba muchas cosas, luego de escuchar parte de las charlas largas y llenas de risa que tenía con mi madre y mi abuela. Esta vez me pareció más grande el camión. Estaba más lindo, parecía haber rejuvenecido, pero la verdad era que únicamente estaba limpio, a diferencia de las veces anteriores que lo vi, lleno de tierra al llegar de un largo viaje. En la casa se reunieron mi abuela, mi madre, una tía y el marido de ésta, conversaban alegremente y brindaban con una botella de cerveza que daba vueltas en cada brindis. Como pude me acomodé cerca de ellos, y procuraba no perderme detalle alguno de las anécdotas que contaba mi tío, lo miraba fijamente y aún cuando él simulaba no darse cuenta de mi presencia, yo sabía que no era así. La reunión que empezó a medio día se ponía más alegre conforme ...