sábado, 30 de enero de 2010

La fiesta de Mila


Ya estábamos todos listos, pero ella no había cuando se decidiera, por fin salir. Daba vueltas por toda la casa, buscaba algo. Todos mirábamos con preocupación los relojes; a este paso llegaríamos tarde. Se celebraban los 15 años de Mila, fiesta familiar muy esperada. Toda la semana no se comentó otra cosa, que no sean detalles vinculados a este suceso.

Salió de la cocina y se fue a su dormitorio corriendo, parecía que por fin había recordado donde lo había dejado. ¿Dejado?, que había dejado. ¿Qué buscaba? Como quiera que no diera explicación alguna, nadie sabía cómo ayudarla.

Los preparativos habían comenzado algo más de un mes atrás. Y de a pocos el ajetreo fue creciendo. Ya todos estábamos comprometidos. Todos teníamos algo que ver con la fiesta de Mila. Las tarjetas, el vestido, los zapatos, la decoración del local, en fin todo lo que pudiera pensarse en esos días tenía que ser del mismo color.

Ella no salía y tuvieron que ir a buscarla. Llegó a nuestro lado, despeinada, alborotada, llorosa. No encontraba lo que estaba buscando y para ella era algo importante, sin ello no podíamos partir. Pero seguía callada, pensativa, tratando de recordar donde lo había dejado.

Tomar la decisión del color fue toda una odisea, cada uno tenía una opinión muy diferente a la de los demás. Mila escuchaba callada y sonreía, con esa sonrisa juvenil e inocentona que su edad le permitía. Una sonrisa que levantaba un solo lado de la fisura de su boca, una sonrisa que decía mucho y no expresaba nada. “Ustedes digan no más…” repetía. Ella sabía que al final se haría lo que ella tenía en mente.

Agachó la cabeza y secó una lágrima que hacía rato pugnaba por salir. “Yo recuerdo haberlo dejado aquí…” dijo entre sollozos. Su madre se acercó a ella y le preguntó que buscaba. Ella meneaba la cabeza.

Historia a parte fue decidir en qué local sería la fiesta. Muchas horas de debate tomó, la forma en que llegaría al local. Para que finalmente Mila escogiese el local y la forma de ingreso que nadie había sugerido, ni comentado.

La hora avanzaba, todos le pedíamos que se olvide de lo que estaba buscando. Pero ella dijo que era muy importante. Si no lo encuentro, no puedo ir a la fiesta de Mila, nos dijo con una seriedad que nos convenció que en realidad lo que buscaba era muy importante.

Escoger la música para la fiesta demandó muchas horas frente a la computadora, para escuchar y seleccionar, lo que finalmente todos bailaríamos. Salsa o reguetón? Cumbia, sugirió alguien con buena intención. “Nooooo” grito Mila, cumbia no, dijo finalmente.

Ya cansados de esperar y al borde de un ataque de nervios, todos juntos preguntamos ¿qué buscas, qué quieres? Qué podía ser tan importante, para retrasarnos de esta manera. Con voz dulce y secando una lágrima más, nos dijo que buscaba su “chupetín”.

Chupetín!!! Exclamamos todos. ¿Porqué no o dijiste antes? En el camino te compramos.

“No, yo quielo el chupetín que me legaló mi madlina” dijo inocentemente mi hija de cuatro años.