sábado, 21 de noviembre de 2009

Cavilando

Estoy feliz. Si, creo que debería estarlo, así lo siento.

Acaba de nacer mi tercera hija y gracias al Altísimo, esta sanita.

No creo que sea el mismo sentimiento de la primera vez que fui padre.

Pero es mi sueño hecho realidad y estoy feliz con la llegada de mi bebé linda.

Es totalmente distinto. Junto a la felicidad la serenidad me embarga.

Tal vez valga, tratar de recordar lo que sentía cuando nació mi primera hija. No sabíamos que sexo tendría, y más que nada, pienso yo, la curiosidad provocaba ansiedad. Fue mujercita y me hizo muy feliz. Es mi niña bonita.

Cuando nació mi segundo hijo, la tecnología nos evitó la ansiedad y nos dijo el sexo, complementaba la dicha de ser padre por anticipado.

Este muchacho, es mi campeón y dice ser el rey.

Ahora que nace esta pequeñita, debo decir que preferí no saber el sexo. Sin embargo en una de las ecografías, se insinuó, sin confirmar que sería mujercita.

Brillante criterio médico de quitarnos la emoción, cuando nadie se lo preguntó.

Una vez más, gracias al cielo por este nacimiento y creo que esta niña es una bendición. Trae como Don, la sonrisa. Es linda la pequeñita.

Sin embargo las cosas no son fáciles, ni nunca lo fueron. En los tres embarazos la madre de mis hijos encontró algún motivo para preocuparse y preocupar a los demás. En este caso yo.

Primero fue, no puedo salir embarazada

¡Que dilema!, muchas estarían felices de no lograrlo.

-Ten paciencia, ya llegará.

El médico se echó buenas monedas al bolsillo.

Bueno, por fin llegó, ya vez. Debes aprender a tener fe. Enséñame.

Bien, bien, bien. Que dijiste, ¿fe? ¿Cómo, cuándo, dónde? Umm, ¡no!

Eso no es posible. No puede entender las cosas que no sea ahora, y ¡ya!

Debería estar contenta con lo que tenemos, pero no señor. No, no y no

¿Ahora que sucede? Ya verás.

Alguna vez pensé que la mayor preocupación que la mantiene entretenida es buscar la forma de preocupar a los demás. ¿Llamar la atención?, talvez, talvez. Puede ser

¿Pero qué logra con ello? Vaya usted viendo. Así es la vida pues.

Así será pues, que le vamos a hacer.

Hazla razonar, dijo alguien.

Tú debes de hacerla entender.

¿Claro, por qué no?

Si puedo. Estaba seguro de poder hacerlo.

¿Hacer qué?

Ah si, claro que si.

¿Pero cómo?...

Todo intento es un fracaso.

Difícil es hablar con la pared. Alguna vez escuché decir. Mucha razón tenía.

Tú puedes… ¡inténtalo! Floro, mucho floro, floro del bueno, del sincero, del que nace del corazón. Habla mucho, me dije y en verdad hablé. Soy honesto, soy sincero. Creo yo que así soy. Decía las cosas como las sentía y en su momento. Eso si. Creo que así es mejor, en fin. Ya verán, la lógica y el sentido común también fallan

Cuando creía que ya la entendía, cuando creía haber descubierto la formula perfecta de la felicidad, pensé, ahora si pata, disponte a trabajar tranquilo. Todos tus planes y proyectos se harán realidad, eres joven y fuerzas te sobran para poner en práctica todos tus proyectos. Ideas sobran, tú puedes y acabas de descubrir que tienes la pareja perfecta, joven y bonita. Con más educación que tú. ¿Si?

Tienes la administradora ideal para tus grandes proyectos.

Nuestra hija esta creciendo, dinero hay, salud también, seguridad creo que también lo había. Así que ha crecer se ha dicho.

¡Pero…!

¿Otra vez el pero?

¿Ahora qué? No puede ser, ¿otra vez?

Otra vez la mula a la alfalfa.

Eres muy coqueto, dijo alguna vez. ¿Y eso que?, es mi trabajo, son los clientes.

Bueno, cambiaremos.

Y si que cambió, claro que cambiaron muchas cosas.

¿Y ahora qué? Nada, nada es igual, si que van cambiando las cosas.

Nuestra hija esta creciendo solita, por qué no le puedo dar un hermanito.

Mujer ten fe. Solo eso. ¿Es mucho pedirte? ¡Ten fe!

Si tuvieran fe del tamaño de un granito de mostaza. Recuerdan eso, ¡claro!, dirían a la montaña ven a mi y esa barriguita tendría la forma de una montaña.

¡Al médico! Hay que darle dinero al médico, ah y al farmacéutico también.

Claro, también ellos tienen familia y deben de mantenerla, para eso estudiaron,

¿No es cierto? Así será pues, allá vamos.

Mi amiga me dijo… ¿Qué? Me dijo que…y mi hermana también dice. ¿Qué?

¡Ah! Por ahí van las cosas.

Wats??? Diría mi hija ahora.

¿Esa opinión vale?

-Claro, ellas saben.

-¿Saben qué?

Opiniones…todos opinan, ¿y? Y comadre, ¿tú qué dices?

-No se, no se, ellas dicen nomás.

De vuelta a la chamba.

Flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones, decía una cancioncilla. Pero con ganas, eso si. Y muchas. Ya vendrán tiempos mejores. Ojalá no demoren, ojalá.

-¡Eres malo! malo, malo, malo.

-¿Quién dice?

-Así dicen, pues. Mi hermana de allá y la de acá también dice que…

-Momentito, momentito comadre, aquí importa poco lo que digan los demás. Tú que dices.

-¡No se! - ¿no se? - de verdad que no se.

-¡Ah…!

Puede ser. Después de todo son opiniones al oído que no dejan avanzar, que no dejar crecer. ¿Estás convencida que así son las cosas?

-No se, la verdad que no se.

-Entonces, ¿qué?

- ¿Qué de qué?

- ¡Nada!

Tener una hija y ya grande es una ventaja tremenda cuando piensas en hacer crecer el negocio.

-Ah, el negocio. Claro, como no lo pensé antes.

Si ya me lo habían dicho.

¿Y dónde está el negocio?

En la casa, pues.

Por que no separas el negocio. Estúpido yo.

Viví ilusionado, queriendo ser buen padre. Vivir junto a mi hija los mejores y más gratos momentos de su vida. Viví queriendo darle el cariño que alguna vez soñé tener.

-¿Y de qué vale eso?

-¿Que? ¿Que estas diciendo?

- Nada, no se, pienso.

-¡Pensando! Ah, buen intento.

Buen padre… No se si lo logre. No se si alguna vez le sea útil a mi hija lo que le estoy dando hoy. Pero si se una cosa. Lo que hago lo hago de corazón. Estoy convencido que es bueno y es lo mejor. Lo demás ya se verá.

Salió embarazada. Otra vez la duda.

-¿Se podrá?

-Claro que se puede.

-… fulanita dice.

-¿Dice qué?

-Dos hijos son para pensar.

-Y ya no pensaste en eso.

-No se, la verdad que no se.

Las cosas suceden por que el Altísimo lo quiere y cuando lo quiere. El embarazo no avanzó y se perdió. Ahora si es tiempo de pensar y ordenar ideas. Es hora de ser sinceros con nosotros mismos. Ver en el fondo de nuestras almas y saber si estamos actuando bien.

-¿Actuando? Si, después de todo, la vida es una tragicomedia donde todos representamos algo. Si sabes bien tu papel, date por seguro que triunfarás, recibirás reconocimientos y honores, te aplaudirán.

-¿No sabes que papel estas representando?

-Ah...Paciencia, Paciencia. Aún te falta aprender más.

Dos años, hubo dos años para olvidar o retomar esa idea.

El tiempo se va volando, como volando parten muchas ilusiones.

-Hay que comprar la medicina que me dio el médico para poder salir embarazada.

-Mejor haz la consulta. Resultado, siga tomando lo mismo y tenga paciencia señora. La ansiedad es mala compañía en estos casos.

-No hay plata. El trabajo esta escaso. Ya no es lo mismo. Las cosas están cambiando y nosotros nos estamos quedando.

-A mí que, yo quiero otro hijo.

Bueno, bueno, bueno.

-Que habrá en esa cabecita, si no lo dices nunca lograré entender.

-No se, la verdad que no se. Yo quiero la parejita.

El cielo escuchó nuestras súplicas.

Así es, si supieran cuantas veces doble mis rodillas pidiendo que escuche este deseo.

Llegó mi campeón.

Una vez más pensé que por fin se podría sentir realizada como ser humano y como madre. Esto regularizará sus hormonas y por ende su carácter. Ya tiene en que entretenerse.

Alguna vez pensé, que solo en eso pensó los últimos años.

Pero, ¿Otra vez el pero?

Me gustaría que no fuera así, pero aquí vamos otra vez.

No había dado mucha importancia, al hecho que últimamente se hacía mas frecuente. Sus pataletas iban acompañadas de golpecitos y de objetos que volaban.

¿Volaban?, que va.

Cuidado.

Escuché decir que tu madre decía: “juego de manos, juegos de villanos”

-Ten cuidado.

-¡No te tengo miedo!

-Pero si no es cuestión de tener miedo, debes pensar que las cosas no son así.

-Y a mi qué, yo no tengo miedo a nadie.

-Modérate, cálmate. Estas agrediendo..

Mide consecuencias.

-¿Me estás amenazando?

-Muchachita, que hay en esa cabecita. ¿Quién te aconseja tan mal?

- Dicen que en la casa manda la mujer.

-Ah, ¿dicen? Y tú que dices.

-Que es así pues.

-Ten cuidado, yo creo que debes escuchar otros consejos.

Con esos consejeros, mi vida, sería mejor no tenerlos.

El bebé me quita mucho tiempo. Me siento prisionera. Nunca me sacas de paseo. A ver tú dale de mamar para que sepas. Quiero ir a ver a mi familia. Quiero que mi familia conozca a nuestro hijo. Quiero ir a mi tierra. Quiero, quiero, quiero.

Bacán nos vamos de paseo. Hagamos un paseo grande. Todo el Norte.

-Tú siempre hablas, a ver cumple pues.

-Ten paciencia, ya llega fin de año.

-Ojala pues…

Es increíble como uno se siente alentado con estas palabras. Uno se siente embargado por la dicha cuando ves a tu mujercita dudando y jodiendo.

Sin embargo la dicha nos acompaña y el paseo comienza a hacerse realidad.

Primero lo primero. ¿Cómo es?

-Para que mi hija no viaje sola, es bueno que viaje con una prima o una amiga de su edad.

-Entre prima y amiga, mejor prima.

-Bueno que así sea.

-Tu hermana dice que quiere viajar. Yo le dije que consiga sus pasajes y nos vamos.

-Por mi no hay problema. Tu eres la que esta invitando y es a tu familia a la que vamos a visitar.

Llegó el momento de partir. Todos felices. Parecíamos la familia Ingall. Mi familia, tu familia, nuestra familia. Subamos a la carreta y partamos.

Primera parada, Chimbote.

Año nuevo, fiesta grande. Bailamos como en los viejos tiempos, reímos como nunca. Oye se acabaron los problemas. Que bueno es vivir así.

Día dos, la resaca, hay que cortarla, que siga la fiesta. Fuimos al campo en grupo grande. Que bien la pasamos. Parecía que recién me conocía. Estaba acaramelada.

Día tres, nos vamos a Trujillo. Nos reciben bien. O por lo menos así me pareció.

Los analistas, comienzan su trabajo.

“¿Por qué viajas con tu cuñada?”. “Debes ponerla en su sitio”. “Ustedes son matrimonio, que hace ella aquí”. “Debes hacerte respetar”. “No dejes que te impongan cosas”. “No permitas que tu esposo este gastando”.

Tantas incoherencias juntas. ¿Incoherencias?, No, si no son incoherencias, son malditas palabras llenas de desazón y de envidia.

¿Y la doña?

Influenciable pues, inicia el gran cambio de su vida. Ojala hubieran tenido razón.

¿Pero? Bendito pero, otra vez presente.

-Mejor nos regresamos a Lima.

-Tú estás loca, ¿qué pasa?

-Nada, me quiero regresar a Lima. Acaso no puedo querer algo.

-Explícate, mujer.

-Nada, no hay nada que explicar. Ya no quiero seguir más.

-Bacán, TÚ te regresas a Lima, YO sigo mi viaje tal como estaba programado.

-Si tú te vas yo también me voy.

-Mujer, mujer, mujer.

Había varias cosas que en ese momento se conjugaban.

Primero la dicha de viajar con mis hijos y el orgullo que sentía de viajar con ellos. Segundo, a la tierra que la vio aparecer en este mundo era a donde nos dirigíamos como destino final. Su familia era la que visitábamos.

Tercero, hacía varios años que no tomaba vacaciones, muchos talvez y pensé que me las merecía y quería disfrutarlas. Procuré ignorar las nimiedades del asunto, (entiéndase las estupideces dichas por sus hermanas) pero no, no se pudo evitar caer en esa provocación perversa y mal intencionada.

A partir de aquí, cara de puñete, silencio total, sueño, mucho sueño.

Día cuatro, nos vamos a la piscina, que roche. Comienzan las grandes diferencias. Las consejeras en su salsa. Leña al fuego.

Después de todo, qué?

Ellas dicen nomás. O no tienen derecho de opinar.

Claro que si, si, si. Pero no lastimar, y lo hicieron. Volvieron a dar sus consejos para romper la felicidad o consejos para joder por diversión. Pienso yo que si de verdad nos apreciasen no hubieran dicho lo que dijeron. Lo dejo ahí. Pero duele recordar.

Solo pienso…que nunca me gustaría que alguno de mis yernos o mi nuera, o peor aún la familia de ellos, pretendan romper el cariño que mis hijos se tengan entre si.

Día cinco, nos vamos a Chiclayo.

-Si tú llevas a tu sobrina, yo también llevo a mi sobrino.

-Bien, me parece bien. Más compañía para mis hijos.

Así las cosas, el viaje es más alegre. Fenomenal la idea.

Nos hospedamos en un hotel en el centro de la ciudad. Luego visitaríamos a la familia. Fuimos a buscarla y los encontramos. La pasé bien, ¿ella? Cansada, seria.

-Mi sobrina ira con nosotros al hotel.

-Me parece bien, así la llevamos mañana a visitar el museo, como estaba programado.

Día seis. El museo del Señor de Sipán. Vale la pena visitarlo. Es la expresión viva de nuestro pasado. Sabiendo de donde venimos sabremos a donde vamos.

Que tal seriedad, la de mi mujer. El Señor de Sipan y su corte, resultaban más alegres que la compañía que llevaba yo. Todos incómodos. Que bacán. No se dicen palabras pero los gestos sobran. Por la tarde, nos vamos a Piura.

-¡Estas pagando todos los pasajes! Por que no dejas que cada uno pague su pasaje.

-Ahhh, la cosa va por allí. No sabes lo que dices mujer. Si te refieres a mi hermana, ella no permite que le pague sus pasajes, además que esta incomodísima con la cara que llevas.

-No tengo otra, pues. Si no le gusta, piña pues.

-Sin comentarios.

De Piura a Tambogrande. Yo gozaba el viaje lo más que podía. Jugaba con mi hija y con los sobrinos que llevaba. Para mi no había problemas o no los quería asimilar. ¿Para qué?

Después de todo esto acabaría pronto y había que disfrutarlo.

Día siete, visitamos el campo, en el pueblecito, no hay nada que ver. El ambiente en el cementerio fue más festivo que la recepción que nos dieron.

Aunque, tal vez eso fue: Las preguntas de porque esto o porque lo otro. Porque este muerto se llama y no se llama como se llama. Si fue por eso, que tontería. Es la familia, que se va a hacer.

Día ocho, De nuevo a Piura y de allí a Paita.

¿Mi mujer?, con sueño. Duerme como nunca. Esta cansada, hasta de hablar.

Se volvió muda.

-¿Qué tienes?

-¡Nada!

-Ah, bueno.

Por la noche de nuevo a Lima. Se acaba la tortura, perdón, digo el viaje.

Eso creía. Las cosas fueron peor.
Me hubiera gustado que no seas tan influenciable, tan voluble.


Tus sueños, ¿Dónde están tus sueños?

Yo, aquí estoy…feliz, mirando a mi hija recién nacida.

Solo Dios sabe porque las cosas.

Doy gracias al cielo una vez más, por esta pequeña que llega ya casi en el otoño de mi vida, cuando ya no la esperábamos, para cumplir el gran deseo de tener tres hijos. Tardaron pero llegaron.

Soy feliz con ellos, pero pudimos ser más.

Falta algo.
Si, ya se perdió, no volverá.

Nuestra juventud, se fue entre pelea y pelea.
Así es la vida pues.

Del libro "Encrucijadas"