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Mostrando entradas de octubre, 2009

Nuestros primos.

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Los días pasaban lentamente. Para nosotros, cada día era una experiencia nueva y al paso que íbamos, nunca terminaríamos de aprender las reglas de la casa, pues me daba la impresión que todos los días las cambiaban, adecuándolas para que nosotros no podamos terminar nunca de adecuarnos a ellas.

Raúl, el mayor de los hijos de la tía Lucrecia, era campeón haciéndonos quedar mal, muchas veces tuvimos que pagar por las travesuras que él hacía y que terminaba culpando a algunos de los “huérfanos”, término que solía usar para refregarnos en la cara nuestra condición de alojados en su casa. La tía nunca nos perdonaba ninguna falta, por muy leve que fuera. Raúl sabía que su madre no dudaba de su palabra, por lo que disfrutaba y abusaba con ello.

José el segundo de los varones, era más callado, pero más rencoroso y peleador, siempre buscaba pleito al que se cruzase en su camino. Nosotros terminábamos muchas veces al día, atravesados en aquel negro destino por más que nos esforzábamos en no caer …

Quebrada Verde III

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El espectáculo que se podía ver a la salida de la cueva era impresionante. Había menos neblina, un verdor hermoso lo cubría todo. Un pequeño halcón pasó cerca de nosotros y luego una bandada de pequeños pajarillos. Mi pecho latía agitadamente por la emoción que causaba ver tanta belleza. El claro oscuro del interior contrastaba con el brillo que ingresaba entre las ramas de algunos arbustos que crecían en el lugar. A partir de allí encontramos un camino mucho mejor conservado, resbaloso sí, pero libre de maleza y claramente diseñado. En los descensos pronunciados habían construido escalones para facilitar el tránsito. Flor muy confiada en el estado del sendero, fue la primera que tras caer sentada continuó resbalando varios metros hacia abajo como si estuviera en un tobogán. Las risas fueron calladas por el grito que lanzó en su caída. Cuando logró pararse toda la ropa la tenía llena de barro.


Ya no nos deteníamos, Mirko se alejaba demasiado de los rezagados por lo que teníamos que apu…

Quebrada verde II

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En nuestro ascenso encontramos una explanada un poco amplia, donde una cabaña rústica albergaba a una familia en medio de la bruma. Un niño salió a saludarnos, su madre lo cogió para esconderlo tras unos muros de piedra. El olor a excremento de vacas llegó hasta nosotros, entonces supimos que eran pastores que llevaban su ganado hasta allí para aprovechar la vegetación del lugar. Una manada de cabras se alejó a nuestro paso y a las reses se las podían divisar ligeramente entre la niebla.

Conforme ascendíamos las bromas fueron desapareciendo para dar paso a un mutismo propio del cansancio. Cada vez era más empinada la montaña. Alguien dijo “ya no puedo, estoy cansada”, a lo que Pablito, que iba de la mano de la tía Raquel, respondió una frase escuchada a su hermana mayor: “nunca digan no se puede”; luego dirigiéndose a Gabriela le pidió que repitiese “si se puede” en forma pausada y enérgica. Esto fue como una inyección de optimismo para el grupo que celebró de buena gana la ocurrencia …

Quebrada verde

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Ya todos estábamos listos para partir como lo habíamos programado varios días antes. Sin embargo decidimos esperar un poco por un pequeño imprevisto. Dentro de la salita de mamá Carmen, grandes y chicos hablábamos en voz alta para poder entendernos en una especie de Torre de Babel. Las mochilas con el fiambre y suficiente agua para nuestra expedición esperaban el inicio de la aventura. ¡Cuidado con las frutas! Llegó a decir la tía Raquel en el preciso momento que uno de los chicos se sentaba sobre ellas.
Afuera el clima nos jugaba una broma, llovía con persistencia desde el amanecer. Para nuestros planes, esto representaba dificultades que ninguno de los adultos nos atrevimos a comentar. La lluvia limeña, que en realidad no es tal si no garua, ya no es usual verla por estos días de Octubre, mucho menos con la persistencia e intensidad que hoy la teníamos; en todo caso era para nosotros incrementar el grado de dificultad a nuestro reto que de por sí ya era bastante.

Nos habíamos propues…