Rebelde sin causa

Rebelde sin causa
Era el mes de julio cerca de fiestas patrias y mi tío estaba en la ciudad con su camión Ford plomo, estacionado en la puerta de la casa de mis abuelos. Siempre que veía el camión imaginaba muchas cosas, luego de escuchar parte de las charlas largas y llenas de risa que tenía con mi madre y mi abuela. Esta vez me pareció más grande el camión. Estaba más lindo, parecía haber rejuvenecido, pero la verdad era que únicamente estaba limpio, a diferencia de las veces anteriores que lo vi, lleno de tierra al llegar de un largo viaje. En la casa se reunieron mi abuela, mi madre, una tía y el marido de ésta, conversaban alegremente y brindaban con una botella de cerveza que daba vueltas en cada brindis.
Como pude me acomodé cerca de ellos, y procuraba no perderme detalle alguno de las anécdotas que contaba mi tío, lo miraba fijamente y aún cuando él simulaba no darse cuenta de mi presencia, yo sabía que no era así. La reunión que empezó a medio día se ponía más alegre conforme pasaban las horas y las botellas también, mi madre no tomaba y a media tarde se despidió con un fuerte abrazo de su hermano quien me dio una palmada en la cabeza. No escuché que conversó finalmente con mi madre, pero ella le agradecía diligentemente.
Al llegar a casa mi madre me trasmitió lo dicho por su hermano. No podía creer lo que escuchaba, me quedé absorto, no podía ser realidad. Mi madre alistó un poco de ropa y me pidió que durmiera temprano. Al amanecer partiría por unos días aprovechando el descanso escolar, recomendándome desde ya que me portará bien.
Por la mañana se haría realidad poder estar dentro del «Rebelde sin causa» y junto a él vivir mil aventuras.
«Rebelde sin causa», ese era el nombre que con caracteres grandes llevaba en la parte frontal superior, el camión Ford plomo que tantas veces lo había visto y que tantos sueños había despertado en mí.

Comentarios

Felisa Moreno ha dicho que…
Hola, como ves me he pasado por tu blog. Me ha gustado mucho tu entrada, tiene sabor a infancia.

Por cierto, mi libro favorito también es Cien años de soledad, lo leí por primera vez con catorce años.

Saludos
Felisa
Anónimo ha dicho que…
Estimado Pablo: Ha sido grato leer tu escrito, ya que me ha permitido transportarme a otro lugar y tiempo, sintiendo las emociones de las mil aventuras por vivir.
No se usar muy bien la computadora, ya que es la tercera vez que escribo este comentario y no logro que quede grabado, pero espero poder volver a visitar tu blog. Gracias. Vaby61

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